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México y Rusia, el caleidoscopio

El titular de la SRE realizará una gira a Rusia. Ante la urgencia de lograr la misión de buscar vacunas en el orbe para un improvisado plan nacional de vacunación por el COVID, el Secretario Ebrard demuestra que aún en pleno siglo XXI por más comunicación digital la presencia física es un mensaje de contundencia política. La llamada entre el líder ruso, Vladimir Putin con el mandatario mexicano el 25 de enero del año en curso había prometido 24 millones de dosis de la vacuna Sputnik V y después de más de dos meses apenas han llegado a territorio mexicano 900 mil dosis.

Ha sido poco común que la prensa mexicana se fije en la relación bilateral entre Ciudad de México y Moscú. Los estereotipos mutuos y el grillete de la geografía y en especial la vecindad de México con el vecino del Norte, han ganado una injustificada batalla que no ha permitido explorar las oportunidades que van más allá de administrar la relación por medio de la diplomacia tradicional. Las revoluciones de ambos países a principios del siglo pasado cruzan el interés histórico entre México y la principal heredera de lo que fue la Unión Soviética desaparecida el 31 de diciembre de 1991.

La Federación Rusa, el país más grande del mundo y con 11 usos horarios, es uno de los jugadores del sistema internacional, guste o no a los que creían que la unipolaridad sería la regla desde el fin de la Guerra Fría. México, país del último exilio de León Trotsky, miembro del G20 y ante la urgencia de diversificar sus relaciones siempre ha mantenido el pendiente de un mayor diálogo con Moscú.

Vladimir Putin ha expresado que los rusos buscan tener su lugar como potencia dando marcha atrás al sometimiento a Occidente en la era postcomunista. Aún con todos los desequilibrios internos en desarrollo, finanzas y caída demográfica, Rusia, sigue estando en posiciones claves globales; miembro permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU o en la Organización de Cooperación de Shanghai, validan su vitalidad. Después de todo sigue contando con el segundo arsenal nuclear del globo además de ser uno de los principales productores de armamento convencional.

La fuente energética rusa es un instrumento de poder real. Ser la “la calefacción de Europa Occidental” es una de las razones geopolíticas que hacen fuerte a los rusos y también despierta la urgente necesidad de equilibrios de varios gobiernos de la Europa comunitaria, entre ellos, de Alemania. La dependencia energética rusa en sus exportaciones de gas natural a Europa está siendo hoy diversificada a China y el Pacífico, “nueva frontera natural” y de interés vital para Moscú. Su participación en el Foro Económico Asia Pacífico y los esfuerzos para tener una nueva penetración en América Latina, más allá de lo que Cuba representó desde 1961 hasta el fin de la URSS o su presencia en Venezuela, son señales del interés del Kremlin en la región, en la que por cierto EEUU dejo de tener una presencia hegemónica que China aprovechó para ser el principal socio comercial de economías como la chilena o la brasileña. El tema energético ha sido un nicho que se ha subrayado en diversos tiempos, incluso desde el sexenio de Enrique Peña Nieto, pero no han madurado lo suficiente de acuerdo a las potencialidades que algunos especialistas en la materia han señalado. Es difícil pensar que ante el desvalijamiento de la reforma energética que realiza López Obrador, hoy exista un interés ruso para invertir en el terreno energético. Para otras voces, incluso oficialistas, es probable que una presencia rusa sea un contrapeso a las diversas petroleras occidentales con aún inversiones en territorio mexicano.

En la nueva conformación global, los rusos han vuelto a despegar en la aeronáutica civil y en la carrera aeroespacial. Ya no es un duopolio el que absorbe las ventas de aviones regionales en el mundo, y esa nueva realidad exige un replanteamiento para saber monitorear que inversiones puede captar México o bien, desarrollar programas de investigación conjuntos. Interjet, tuvo en su flota el Sukhoi, de fabricación rusa y la Marina y Fuerza Aérea Mexicana, tienen en sus flotas helicópteros aparatos MI-17 de origen ruso.

Rusia, ha buscado una nueva definición global con una nueva arquitectura institucional. Su papel junto con Brasil, China, India y Sudáfrica, en los BRICS que bautizó Goldman Sachs, ha sido más que una expresión de coyuntura. En la agenda, temas como el financiamiento al desarrollo, la crisis monetaria o el enfoque de seguridad global, muestran una nueva propuesta, en algunos casos vanguardistas y alternas a las instituciones de la postguerra. México, no puede dejar de tener un acercamiento con el miembro del BRICS, si de verdad busca una responsabilidad global más allá del reto de garantizar en lo inmediato el suministro de la vacuna rusa.

Muchos rusos antes de la pandemia visitaban la Riviera Maya con vuelos directos desde Rusia. Invitarlos a regresar y conocer otras regiones de México fortalecería a la industria turística nacional. Inscribir la posibilidad de un Consulado de México en San Petersburgo, la ciudad rusa más europea del Báltico, no es menor como tampoco buscar mejores instrumentos para combatir el narcotráfico y otras formas de crimen organizado (ciberterrorismo) en el que presuntamente existen alianzas entre carteles mexicanos y la mafia rusa. Aprovechar el bagaje cultural de ambos países y pensar en un nutrido intercambio cultural, sería una oportunidad para muchos artistas nacionales y también para profundizar el entendimiento bilateral que rebasa a las cancillerías y toca a diversos sectores de sus sociedades.

Para México la relación con Rusia, más allá de la urgencia de las vacunas, tiene una oportunidad para fortalecer su compromiso global y conocer de cerca lo que una potencia busca, planea y ejerce en un sistema multipolar con diversos actores. Tal vez desde que Carlos Tello Macías en sus célebres “Cartas desde Moscú”, misivas desde su calidad de Embajador de México al inquilino de Los Pinos, no se ha vuelto a ejercer una visión integral con el gigante del Kremlin. La etapa de Tello en el epitafio de la utopía de lo que fue la URSS, reclama un ejercicio de retratar lo que hoy ocurre en Rusia. Contribuir con energía y talento a ese ejercicio es un desafío en el que la lejanía geográfica o cultural no deben ser impedimentos para demostrar la vocación universal de México. Sin duda, lo apremiante es garantizar la proveeduría de vacunas, incluida la Sputnik V (que al igual que la vacuna de AstraZeneca también se fabrica en Argentina) El legado histórico en el centenario de sus revoluciones y de 130 años de relaciones diplomáticas, espera una nueva oportunidad para aislar estereotipos, de uno u otro lado, propios de intereses de terceros. Al final, la relación entre México y Rusia es como la mirada al caleidoscopio, más vale poner mayor luz y enfocar bien el objetivo estratégico con una potencia del orbe.

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