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Rusia y Latinoamérica: la entrevista de Dra. Oxana Katysheva, la directora del Proyecto LACRUS

La entrevista fue realizada por Dr. Armando Chaguaceda Noriega, el profesor de la Universidad de Guanajuato, México, participante del proyecto Variedades de la Democracia de la Universidad de Gothemburg. Se especializa en el estudio del proceso de democratización, así como las relaciones entre el gobierno y la sociedad civil en América Latina. Chaguaceda recibió su Maestría en Ciencias Políticas de la Universidad de la Habana y su Doctorado en Historia y Estudios Regionales de la Universidad Veracruzana.

Armando Chaguaceda: ¿Podría identificar los ejes que definen a la presencia renovada del Estado Ruso en América Latina, en los últimos años?

Oxana Katysheva: Creo que el fenómeno más destacado de los últimos años es la pandemia de COVID-19. Considerando este contexto hay que notar tres elementos que pueden tener un impacto visible y quizás convertirse en las tendencias. Primero, Rusia utilizó su primacía en el desarrollo de la vacuna y, al complementar cooperación en la esfera energética y de cooperación técnico-militar, abrió nuevo eje de interacción con la región latinoamericana en el sector de salud. No se trata solo de la vacuna Sputnik V o Sputnik Light, el número de proyectos se aprovechó un impulso, tal como la producción de medicamentos y promoción de equipamiento médico de Rusia en la región latinoamericana.

Segundo, el suministro de vacunas planteo la cuestión de las rutas logísticas con renovado vigor. Los costos de transacción (sin hacer referencia a tipo de mercancías) se puede compensar al restaurar los vínculos directos entre las empresas. Así, trabajar directamente y construir relaciones de cooperación directa es una tarea importante, que requiere aprender más sobre las oportunidades de negocio en el nivel privado como en el nivel estatal.

Tercero, lo que se desarrolla rápidamente debido a la pandemia es el sector TIC. Latinoamérica tiene un gran potencial en los términos del crecimiento del tráfico y desarrollo de la infraestructura de TIC y el contexto de confinamiento y restricciones epidemiológicas lo favorece. Las compañías rusas, como “Kaspersky”, por ejemplo, ya tienen su peso en la región. Y nuevos actores entran el mercado latinoamericano con éxito, por ejemplo, “Nexign”, que ofrece soluciones para la transformación digital, o “Qrator Labs”, el proveedor de seguridad de las redes, también está en la lista.

Quiero pensar que Rusia intentará desarrollar estas líneas en el marco de su presencia renovada en LATAM en el próximo futuro.

AC: Entendiendo lo político en un sentido amplio ¿qué elementos ideológicos y pragmáticos caracterizarían la relación entre el Estado ruso (y su liderazgo actual) y sus aliados en el entorno latinoamericano?

OK: El equilibrio de elementos ideológicos y pragmáticos en la política rusa en la región depende mucho de la confrontación entre los poderes grandes, aspirantes de la influencia más amplia en LATAM. La actitud rusa, por sí sola, trata de huir de lo ideológico para alcanzar lo pragmático con el ámbito de crear lazos firmes y crecientes entre Rusia y LATAM en diferentes esferas del interés mutuo. Por desgracia, los países de LATAM en su mayoría son dependientes de Washington (en términos de exportaciones, ayuda internacional, así como los vínculos entre las elites políticos). Sin libertad completa en su política, incluso política exterior, LATAM sigue la percepción norteamericana de Rusia y de metas de la política rusa en la región. Eso obstaculiza el acercamiento. Moscú por su parte no tiene recursos suficientes y tampoco intentos para desplacer los EE. UU., pero sí se sigue el trabajo diplomático constante y no solo con los aliados tradicionales de Rusia en la región.

Al mismo tiempo los gobiernos de la izquierda intentan drásticamente distanciarse de Washington, mirando a China y Rusia. Es que los regímenes de la izquierda están más abiertos a cooperar y a menudo son por sí mismos iniciadores de una “relación especial” con Moscú. Rusia utiliza esas oportunidades para disminuir las consecuencias de tenciones con el Occidente y demostrar su peso político, pero es un trabajo tenso en mantener equilibrio entre “amigos” de la izquierda y “socios” de la derecha. Hay que destacar, que Rusia no va más allá de los límites necesarios, no tiene una asociación con ALBA, por ejemplo, y no mantiene este discurso izquierdista, pero intenta apoyar a sus aliados y mantener las relaciones constructivas con el resto de los países latinoamericanos.

AC: ¿Cómo evalúa, a partir de estos nexos geopolíticos entre Rusia y sus aliados regionales, la presencia e impacto del discurso de los medios rusos (Sputnik, RT) en el contexto latinoamericano?

OK: Sputnik y RT ocupan lugar bastante notable en el mercado de media de América Latina, precisamente en los países aliados de Rusia, pero no solo. Y la respuesta es bastante simple: existe la demanda por el contenido que Sputnik y RT producen. Es un factor sistémico. Un marcado predominio de las agencias de media estadounidenses y su manera de informar muy sesgada ya no puede satisfacer las expectativas de la audiencia latinoamericana, especialmente en el contexto globalizante, con las nuevas posibilidades tecnológicas y de comunicación muy variadas. Es una demanda por la pluralidad de perspectivas. Además, Sputnik y RT siguen la agenda regional actual en vez de imponerlo agresivamente. Y no es debido a insuficiencia de financiamiento incomparable con los media-gigantes estadounidenses, pero por la característica importante de esas medias: Sputnik y RT mantienen el narrativo más conservador y tradicional y lo orientan al público reducido, pero leal, sin intentar a ganar los corazones y las mentes de los todos. En mi opinión, es la base confiable para un mayor crecimiento.

AC: ¿Qué desafíos, oportunidades y objetivos visibiliza en los crecientes vínculos de la academia rusa (especializada en temas sociopolíticos) con sus homólogas latinoamericanas?

OK: Desde hace poco el ministerio de relaciones exteriores de Rusia reconoció que nuestro país necesita nuevos enfoques conceptuales para entender Latinoamérica. Creo que estos nuevos enfoques son necesarios, en primer lugar, para actualizar la política exterior hacia la región. Y sin centros de investigación y análisis, que son productores del conocimiento experto, este objetivo no se podría de lograr.

Al mismo tiempo la calidad del conocimiento es de gran importancia. Por tanto, la cooperación académica internacional es fundamental para garantizar la objetividad, imparcialidad y ausencia de prejuicios en los estudios. Por eso se debe avanzar los programas de intercambios, organizar foros y plataformas especiales para fortalecer la colaboración fructífera.

Además, es de la importancia igual popularizar los resultados de este trabajo entre audiencia más amplia. Ahora el conocimiento sobre la región en Rusia es “de élite”, según algunas observaciones de colegas latinoamericanos, como el Dr. Andrés Serbin, el director de CRIES, en Latinoamérica la situación es muy parecida. Veo esto como desafío, y de mi parte intento superarlo trabajando en el marco del proyecto LACRUS.

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