¿Una “elección amarga” de Bolivia?

Iuliia Vashchenko
Iuliia Vashchenko
Ph.D. en Ciencias Políticas,
La Paz, Bolivia

La campaña en Bolivia, dedicada al nuevo proceso electoral, está ganando impulso incluso en medio de la pandemia de coronavirus. El 7 de junio, el periódico “The New York Times” publicó un artículo que nuevamente tocaba los resultados de las elecciones celebradas en este país latinoamericano en octubre pasado, cuyos resultados fueron anulados. Entonces, ¿Hubo un golpe de Estado en Bolivia? ¿Qué nuevos detalles surgieron después de 8 meses del Gobierno de transición?

El 25 de octubre, el Tribunal Supremo Electoral de Bolivia anunció los resultados de las elecciones del 20 de octubre, que luego fueron anulados: Evo Morales (Juan Evo Morales Ayma) del partido del “Movimiento al Socialismo” (MAS) recibió 47.08 % de los votos, y su principal oponente Carlos Mesa (Carlos Diego Mesa Gisbert) de la plataforma política “Comunidad Ciudadana” – 36.51%. Con tales indicadores del partido gobernante en ese momento, habría sido posible evitar una segunda vuelta.

Sin embargo, menos de 12 días después de la fecha límite para la presentación del informe, la Organización de Estados Americanos (OEA) encontró que en el recuento de votos, aprobado por el Tribunal Supremo Electoral de Bolivia, se encontraron “manipulaciones con un sistema informático” de “tanta magnitud” que no permitía confirmar los resultados de las elecciones. “Por esta razón, estamos obligados a declarar que la primera vuelta de elecciones, celebrada el 20 de octubre, debe ser anulada y el proceso electoral debería comenzar de nuevo, y la primera ronda se realizará tan pronto como aparezcan nuevas condiciones que brinden garantías para su celebración, incluso una nueva composición del órgano electoral”, sugirió el Secretario General de la OEA el 10 de noviembre, Luis Almargo (Luis Leonardo Almagro Lemes).

El informe preliminar, que apareció varias horas antes de la renuncia de Evo Morales, el 10 de noviembre de 2019, aprobó en la opinión pública, el sistema político nacional y la comunidad internacional la tesis sobre la falsificación de los resultados electorales en Bolivia, como admitió más tarde el Secretario General de la OEA en la Sesión de la Asamblea General.

En una de las primeras conclusiones de la OEA, se enfatizó que estas manipulaciones e irregularidades no permitían estar seguros del resultado de la victoria de Morales sobre el candidato Carlos Mesa. Según el informe de la organización, por el contrario, con base en la evidencia incontrovertible encontrada, se puede argumentar que se llevaron a cabo una serie de operaciones fraudulentas destinadas a cambiar la voluntad expresada en las urnas electorales el 20 de octubre de 2019. El equipo de auditoría de la OEA reveló la manipulación maliciosa de los resultados electorales en dos niveles: a nivel de actos, comenzando con la imitación y la falsificación de firmas de miembros de las comisiones electorales, así como a nivel de procesamiento de resultados, desde la redirección del flujo de datos a dos servidores ocultos que no fueron controlados por el personal del Tribunal Supremo Electoral, lo que permitió procesar los datos y reemplazar los actos.

El 2 de marzo, el periódico estadounidense “The Washington Post” publicó un sensacional estudio realizado por el Instituto de Tecnología de Massachusetts (ingles – Massachusetts Institute of Technology, MIT), que descubrió que las elecciones del año pasado en Bolivia no revelaron “motivos para sospechar fraude”. El análisis fue firmado por los investigadores John Curiel y Jack R. Williams, y posteriormente no fue reconocido por el actual Gobierno de transición de Jeanine Áñez (Jeanine Áñez Chávez). Además, el documento establece que las conclusiones de la OEA son “incorrectas” y que es muy probable que Morales haya alcanzado el margen del 10 por ciento necesario para ganar la primera vuelta de las elecciones el año pasado.

El 7 de junio, en “The New York Times” se publicó un artículo que generó una nueva ola de debate político sobre los resultados del proceso electoral de 2019. Un artículo titulado “Una elección amarga. Acusaciones de fraude. Y, ahora, una reconsideración”, escrita por Anatoly Kurmanaev y María Silvia Trigo, señala que los investigadores encontraron que la conclusión de que los votos por Evo Morales aumentaron inexplicablemente tan pronto como se reanudó el conteo se basó en datos incorrectos y métodos estadísticos inadecuados. Un estudio independiente que utiliza datos encargados por el periódico estadounidense descubrió que los métodos de la OEA no eran correctos y que no había evidencia estadística de “fraude”. Anteriormente, otro estudio descubrió que los hallazgos de la organización eran “fallas graves”. El análisis independiente al que hace referencia el periódico pertenece a la Red de Investigación en Ciencias Sociales (ingles – Social Science Research Network, SSRN). Los expertos en este estudio fueron Francisco Rodríguez, un economista que enseña estudios latinoamericanos en la Universidad de Tulane (en Nueva Orleans), así como Nicolás Idrobo, estudiante de doctorado en la Universidad de Pensilvania, y Dorothy Kronik, especialista en política latinoamericana de la Universidad de Pensilvania.

Las siguientes conclusiones relacionadas con el “análisis cuantitativo” se dan en el resumen del estudio: a) el salto obvio en el número de votos fue en realidad un error de los analistas; b) el análisis de los cambios dentro de la cantidad total ignoró por error la fuerte tendencia a largo plazo; y c) aparecen patrones casi idénticos en los datos de elecciones anteriores, cuyos resultados no fueron impugnados. Según los expertos, basándose en los patrones que los observadores consideraron “inexplicables”, es posible identificar la lógica del proceso electoral sin recurrir al hecho de fraude. Por lo tanto, varios estudios independientes, que unen a muchos de los existentes, demuestran que no hubo irregularidades serias en las elecciones del 20 de octubre de 2019 en Bolivia que pudieran invalidar los resultados según los cuales ganó el partido “Movimiento al Socialismo”.

Mientras tanto, en Bolivia el 9 de junio, una mayoría absoluta de la Cámara baja del Parlamento aprobó un proyecto de ley que permite la celebración de elecciones generales el 6 de septiembre. La declaración oficial de la Asamblea Legislativa Plurinacional enfatiza que después de escuchar los argumentos del Presidente del Tribunal Supremo Electoral, Salvador Romero (Salvador Romero Ballivián), los diputados aprobaron la propuesta, enmendando el segundo artículo de la Ley N° 1297 “Sobre el aplazamiento de las elecciones generales”. Si el tan esperado proceso electoral se celebraría en septiembre y cómo tendría lugar la carrera electoral, dependerá principalmente de la situación del desarrollo del virus COVID-19 en la región. Sin embargo, es muy obvio que este proceso electoral será un nuevo hito en la historia contemporánea de Bolivia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

56296633