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Expansión de las fronteras de la OTAN: ¿qué le espera a América Latina?

La crisis de los regímenes de “izquierda” en América Latina introdujo de inmediato varios temas en la agenda internacional contemporánea. De estos, uno de los más debatidos sigue siendo el papel de los Estados Unidos en la región y, como resultado, se produce una discusión sobre la función de la Organización del Tratado del Atlántico Norte en los países de América Latina. ¿Está la OTAN lista para expandir las alianzas en América Latina? ¿Cómo puede reflejarse tal perspectiva en los procesos regionales vigentes?

El 4 de abril, el Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg, en una entrevista con la agencia de noticias “Reuters”, dijo que la Alianza del Atlántico Norte está interesada en desarrollar relaciones de colaboración con países latinoamericanos antes de la Reunión Ministerial en Washington. El Secretario General de la OTAN destacó que los miembros de la Alianza están listos para considerar las posibilidades y formas de establecer lazos con los países latinoamericanos, lo que en el futuro ayudará a crear una base sólida para una interacción práctica y política estrecha.

Cabe recordar que hoy el único socio oficial de la Alianza en el continente es Colombia, aunque Donald Trump (ingles – Donald John Trump) el 19 de marzo de este año durante la visita oficial de Jair Bolsonaro (port. – Jair Messias Bolsonaro) a los Estados Unidos admitió que Brasil podrá convertirse en el próximo “socio” del bloque. Sin embargo, muchos observadores internacionales se inclinan a creer que el Estado brasileño tiene perspectivas muy remotas de unirse a la OTAN en esta calidad, ya que requerirá el consentimiento de más de veinte aliados europeos, entre los cuales incluso la expansión menos dramática de la Alianza en Europa que ha provocado una división. Para obtener el estatus del “socio” de la OTAN, se requiere el consentimiento de los 29 países de este bloque. Por lo tanto, no es en vano que Trump durante la visita oficial de Bolsonaro a Washington dijo que para asignar a Brasil el estatus del “socio” de la OTAN en la región, tendría que “hablar” con muchas personas.

En su entrevista de abril, Jens Stoltenberg no mencionó la intención del “dueño” de la Casa Blanca de incluir a Brasil en la lista de los candidatos más obvios para un cupo en la Alianza Transatlántica. Respondiendo a la pregunta de los periodistas sobre si Brasil podrá convertirse en miembro del bloque, el Secretario General dio una respuesta negativa. De hecho, según la Carta de la OTAN, los “socios” de la Alianza no son sus miembros. Según Stoltenberg, los miembros del bloque trabajan en estrecha colaboración con dichos “socios”, tanto práctica como política, y eso es una muy buena manera de fortalecer la cooperación entre la OTAN y los países que no son miembros de la Alianza. Otros “socios globales de la OTAN” incluyen países como Afganistán, Irak, Japón, Corea del Sur, Mongolia y Pakistán. Stoltenberg señaló que la OTAN podrá explorar la posibilidad de asignar el estatus de “socios” de la Alianza a otros países latinoamericanos, siguiendo el ejemplo de Colombia. Asignar el estatus de “un aliado importante que no es un miembro de pleno derecho de la OTAN” significa elevar el estatus del Estado para los participantes del bloque, lo que puede dar preferencias al país en términos de compras de equipo y tecnología militares estadounidenses.

Volviendo al panorama histórico de las relaciones entre los Estados de América Latina y la Organización del Tratado del Atlántico Norte, cabe recordar que hasta 2017, el bloque no tuvo “socios” entre los países de América Latina. En 2017, Colombia se convirtió en el primer aliado en la región. En 2017, el Gobierno colombiano logró el Acuerdo que se lo convirtiera en el único Estado latinoamericano en unirse a la OTAN como su “socio global”. Este estatus es inferior al de “aliado”, lo que significa que el país no está obligado a participar en hostilidades colectivas. Al mismo tiempo, el estatus de “aliado” de Washington fuera de la OTAN, que Trump mencionó en la reunión con Bolsonaro, puede ser otorgado únicamente por decisión de las autoridades estadounidenses. Este “privilegio” puede ser alcanzado por aquellos Estados que no forman parte de la Alianza del Atlántico Norte, pero participan sistemáticamente en operaciones militares conjuntas con los Estados Unidos: ejercicios, operaciones antiterroristas, proyectos científicos y de defensa, etc. Actualmente, el “aliado” principal de los Estados Unidos fuera de la OTAN en la región de América Latina es solamente Argentina. Argentina obtuvo este estatus en 1998.

De acuerdo con expertos políticos conocidos, una invitación de este tipo a los Estados latinoamericanos para cooperar estrechamente con la OTAN se convertirá en un nuevo hito en la historia de la Alianza, porque entonces el bloque se volverá más “pro-estadounidense”, no se ampliará únicamente gracias a los países europeos y, quizás, será más rápido y más seguro para usar la fuerza. Algunos representantes de los principales medios de comunicación latinoamericanos creen que la Casa Blanca pretende fortalecer su posición no solo en América Latina, sino también en Asia y Medio Oriente, lo que puede garantizar el liderazgo global de los Estados Unidos. En este escenario, la OTAN se utilizará como la herramienta principal para lograr este objetivo.

Hoy, el Gobierno de los Estados Unidos está comprometido a garantizar que todos sus aliados actúen como un frente unido. Sin embargo, dentro de la propia Alianza ahora no hay unanimidad. Francia y Alemania plantearon la cuestión de crear unas fuerzas armadas europeas unificadas; Washington no puede establecer un diálogo constructivo con Turquía. Siguiendo esta lógica, mientras más países pro-estadounidenses estén en la OTAN, más fuerte será la voz de la Casa Blanca en la Alianza.

En esta situación, que Brasil, al igual que Colombia, podrá alcanzar el estatus de “socio global” de la OTAN, gracias a estos Estados latinoamericanos, los Estados Unidos recibirán apoyo militar adicional. Además, lo más probable es que estos nuevos socios sean más fáciles de convencer para que participen en las hostilidades que los países europeos. Algunos observadores internacionales se inclinan a creer que con tal desarrollo de la situación, es posible realizar maniobras conjuntas con los países de la Alianza, por ejemplo, los ejercicios de las fuerzas estadounidense-brasileñas o estadounidense-colombianas en la frontera con Venezuela.

Sin embargo, todos los analistas están de acuerdo en que Washington pretende expandir la presencia de la OTAN en los países de América Latina para controlar mejor esta región. Ahora, la Alianza se usa activamente como la principal herramienta en la confrontación de Washington con el funcionario de Caracas. A su vez, para Colombia, el proceso de obtener el estatus de un “socio global” de la OTAN se inició en 2017 y se terminó en mayo de 2018, en el momento culminante del conflicto con la vecina Venezuela, donde se llevaron a cabo elecciones presidenciales en el mismo mes, cuando ganó Nicolás Maduro (Nicolás Maduro Moros). Colombia no reconoció los resultados de la voluntad popular. En febrero de 2019, Colombia y Venezuela cortaron oficialmente las relaciones diplomáticas. Los expertos creen que la Casa Blanca también “apoyó” esta decisión. Por lo tanto, Washington continuará con una política de promoción de sus intereses a través de la Alianza en los países de América Latina.

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